analiza el primer año de PPK

Toledo, ¿campeón de la democracia?

Publicado: 2011-05-21

Toledo, ¿campeón de la democracia?

Por Paúl Llaque

 

Cuando el Perú aún padecía los estragos de la pesadilla nacional en que se convirtió el régimen político-delincuencial de Fujimori, el triunfo electoral de Alejando Toledo en el año 2001 se convirtió en una victoria merecida de las fuerzas democráticas. Toledo había sido la figura política más emblemática y efectiva para derrotar a la dictadura fujimontesinista, y su conquista de la presidencia fue aplaudida por todo demócrata de principios (no por aquellos que solo son demócratas cuando ello conviene a sus bolsillos). Hace algunos días, Álvaro Vargas Llosa, quien acompañó a Toledo en gran parte de su camino hacia la victoria, ha pedido que el líder de Perú Posible apoye la candidatura de Ollanta Humala y se convierta en un garante de la democracia. En realidad, si Toledo respaldara a Humala en esta segunda vuelta electoral, Toledo podría convertirse no solo en un garante de la democracia, sino en un campeón del sistema político que, a lo largo de la historia, ha resultado ser el menos malo de todos los sistemas.

¿Por qué? En primer lugar, Toledo mostró una trayectoria democrática intachable en su lucha —para algunos analistas, épica— contra la poderosa mafia fujimontesinista. No solo se opuso y jaqueó al régimen corrupto, sino que lo hizo sin mancharse las manos de sangre: sus protestas fueron pacíficas, su mensaje fue de concertación y su triunfo fue inobjetable. En el poder, Toledo demostró —más bien, enseñó— a algunos demócratas ineptos, como era entonces Alan García, que se puede ejercer la democracia y, al mismo tiempo, ser altamente eficiente y responsable con las cifras económicas. En la historia de la República, posiblemente no hay régimen democrático posterior a una dictadura que haya alcanzado tanto éxito gubernamental como el logrado por Toledo durante su gobierno. Si las carreras a la presidencia se merecieran y no se ganaran, él debería ser quien juramentase el próximo 28 de julio.

Sin embargo, Toledo no está en la segunda vuelta. No es este el espacio para analizar las razones. Lo cierto es que el ganador de la primera vuelta, Ollanta Humala, tan pronto confirmó su victoria —hoy esto es de conocimiento público por el mismo Toledo—, le ofreció un cogobierno Gana Perú-Perú Posible. Toledo no aceptó y, antes de salir de gira al extranjero, ha dicho que no apoyará a ninguno de los dos candidatos. Su decisión es de alto riesgo. Tiene ganado un lugar en la historia del Perú como el gran líder demócrata que contribuyó más que ningún otro con terminar con una dictadura tan delincuencial como la de Fujimori. Existe, no obstante, la posibilidad de que también pase a la historia como el líder demócrata que, diez años después de su gesta heroica, de forma irresponsable, colabore, por omisión, con la victoria de la misma agrupación política corrupta que en otro tiempo ayudó a desentornillar del poder. ¿La historia se repite, solo que con efectos contrarios? Hoy, el líder del fujimorismo es también un Fujimori, y, de acuerdo con un análisis más agudo, es el mismísimo Alberto Fujimori que gobernó entre 1990 y 2000, solo que ahora dirigiría a sus huestes desde la Diroes y escudado por el nombre de su hija Keiko. Tres pruebas de cien: la cúpula de poder real del fujimorismo de hoy es la misma que la de hace diez años; el fujimontesinismo mediático de hoy es el mismo que el de hace una década (y peor, porque no es necesario pagarle al contado y de inmediato a cierta prensa autofujimetrada); las artimañas de marketing político que utiliza Keiko son las mismas de Alberto: decir que no va a hacer lo que sabe que de todas formas hará (liberar a Alberto Fujimori y Vladimiro Montesinos, y dejarlos gobernar otra vez).

Conviene preguntarse qué riesgos enfrentaría Toledo si apoyara a Ollanta Humala mediante un cogobierno o a través de un respaldo político con condiciones. La respuesta: ningún riesgo. Si Ollanta triunfa el próximo 5 de junio, Toledo se convierte en un actor político decisivo, ya sea desde el cogobierno o ya sea desde una actitud de vigía de la democracia. Si Humala realiza un gobierno exitoso, con la ayuda directa de Toledo o teniendo a Toledo como un atento vigilante de la democracia, los bonos políticos de Toledo y de Perú Posible se multiplicarán para la justa electoral del año 2016. Si Humala se sale del cauce democrático, Toledo estará obligado moralmente a colocarse la vincha y a encabezar la lucha frontal contra las voluntades autocráticas.

Finalmente, Alan García se ha jactado de poseer el poder de impedir que gane el candidato que a él no le gusta. Y lo ha logrado dos veces: en 1990, consiguió que Mario Vargas Llosa perdiera las elecciones frente a un timorato y desconocido Alberto Fujimori, con lo cual Alan García se convirtió en el padre putativo de ese engendro político mafioso llamado fujimontesinismo. Este año 2011, Alan García contribuyó para que Toledo no ganara las elecciones. Pero Toledo ya le ha ganado una vez a Alan García: en el 2001 lo derrotó en las elecciones presidenciales. Toledo puede ganarle dos veces de nuevo: si apoya a Humala, evitará que García impida que Humala gane. Y, sea cual sea el resultado de la gestión de Humala, si se conduce democráticamente Toledo, además de convertirse en un campeón de la democracia, en el año 2016 le volverá a ganar a García.


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